Opinión

La gran carrera de los megas: cuando el marketing supera a la realidad; por Emilio Rossi

Publicado el 18 de junio de 2026

Por Emilio Rossi, vicepresidente de la Asociación Peruana de Telecomunicaciones 

Publicado en La Noticia

 

Cada cierto tiempo los proveedores de Internet anuncian planes cada vez más rápidos. Primero fueron 10 Mbps, luego 50, después 100, 300, 600 y ahora 1000 Mbps o más. La publicidad transmite la idea de que una familia moderna necesita velocidades gigantescas para navegar, trabajar, estudiar o entretenerse.

 

Sin embargo, la realidad es que para la mayoría de usuarios el problema ya no son los megas. Una videollamada de alta calidad consume apenas unos pocos Mbps. Ver películas en streaming, utilizar redes sociales, navegar por Internet o enviar correos electrónicos requiere mucho menos ancho de banda del que sugieren las campañas publicitarias. Incluso un hogar con varios integrantes conectados simultáneamente puede funcionar adecuadamente con velocidades bastante inferiores a las que hoy se promocionan masivamente.

 

¿Por qué entonces la industria insiste en vender cada vez más megas? La respuesta es simple: porque es el indicador más fácil de entender y comparar. Es mucho más sencillo decir que un servicio tiene diez veces más velocidad que otro que explicar conceptos como latencia, estabilidad, congestión de red o calidad de interconexión. Además, existe un aspecto que rara vez aparece en la publicidad. La mayoría de los servicios residenciales de Internet son compartidos. Esto significa que la capacidad de la red se distribuye entre muchos usuarios bajo el supuesto de que no todos utilizarán simultáneamente el máximo de velocidad contratada. Es un modelo eficiente y utilizado en todo el mundo, pero implica que la experiencia final no depende únicamente de los megas ofrecidos en el contrato.

 

Por ello, dos usuarios con planes de 1000 Mbps pueden tener experiencias completamente distintas. Uno puede disfrutar de una conexión fluida y estable, mientras otro puede sufrir lentitud en determinadas horas debido a la congestión de la red. El problema no está en la velocidad contratada, sino en la capacidad real que el operador tiene para atender la demanda de todos sus clientes. La diferencia se aprecia mejor cuando se compara con los servicios dedicados que suelen contratar las empresas. En estos casos, la capacidad se reserva exclusivamente para el cliente y no se comparte con otros usuarios.

 

Por esa razón, una conexión dedicada de menor velocidad puede ofrecer una experiencia mucho más predecible y confiable que una conexión residencial con muchos más megas anunciados. Mientras las empresas libran una carrera por ofrecer velocidades cada vez más altas, muchos usuarios continúan enfrentando problemas mucho más importantes: interrupciones frecuentes, mala cobertura wifi dentro del hogar, demoras en la atención técnica o congestión en determinadas horas del día. La verdadera calidad de un servicio de Internet no debería medirse únicamente por la cantidad de megas que aparecen en una publicidad.

 

Debería evaluarse también por su estabilidad, disponibilidad, latencia, capacidad de respuesta y calidad de la infraestructura que lo soporta. La industria ha convertido los megas en el equivalente digital de los caballos de fuerza de un automóvil: una cifra llamativa para el marketing, pero insuficiente para explicar la calidad real de la experiencia. Para la mayoría de consumidores, la diferencia entre un servicio estable y uno inestable es mucho más importante que la diferencia entre 300 y 1000 Mbps. Esa es la realidad que la publicidad rara vez cuenta.

 

 

 

Fuente: CanalB

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