Por Juan Carlos Eguren
Menos burocracia, más presupuesto, más identidad.
Hace 55 años la cultura en el Perú dependía del Ministerio de Educación a través del Instituto Nacional de Cultura. En 2002 pasó a la Presidencia del Consejo de Ministros. Y el 2010 por demagogia y populismo se creó el Ministerio de Cultura Quince años después, en medio de un debate sobre reforma y modernización del Estado, vuelve a ponerse sobre la mesa una pregunta directa: ¿es necesario mantener dos ministerios separados para formar ciudadanos con conocimiento y con identidad?
Desde la lógica de simplificación administrativa, desburocratización y destrabe, es no. Una de las primeras fusiones que debería impulsar el próximo gobierno es la de Educación y Cultura. No para desaparecer la cultura, sino para hacer todo lo contrario: meterla en cada aula, en cada colegio, en cada comunidad.
Hoy el Perú tiene un patrimonio material e inmaterial milenario, 55 lenguas originarias y una diversidad cultural que muchas veces no llega a las escuelas. Al mismo tiempo, las 26 Direcciones Regionales de Educación y las 26 Direcciones Desconcentradas de Cultura trabajan en paralelo, con presupuestos, planes y logística duplicados. El resultado son estudiantes que egresan sin haber visitado el sitio arqueológico que tienen a tres cuadras de su colegio, y políticas culturales que no tienen canal directo para llegar a los 9 millones de escolares del país.
Fusionar Educación y Cultura trae beneficios concretos y medibles. El primero es eficiencia. Un solo ministerio significa una sola sede central, un solo sistema administrativo, una sola oficina de prensa y una sola dirección regional por departamento en vez de dos. Vender o alquilar inmuebles duplicados y eliminar cargos administrativos redundantes libera recursos que pueden ir directo a bibliotecas escolares, a mantenimiento de museos y a programas artísticos.
El segundo beneficio es coherencia. Hoy para ejecutar un proyecto que una una escuela con un museo se necesitan dos ministros, dos visados y dos procesos. Con un Ministerio de Educación y Cultura, la política sería una sola: que cada colegio se convierta en un centro cultural de su comunidad. El actual Viceministerio de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales podría encargarse de que los estudiantes conozcan, preserven y pongan en valor su historia. Y el Viceministerio de Interculturalidad garantizaría que esa formación tenga enfoque de diversidad, con respeto a los pueblos indígenas y afroperuanos.
El tercer beneficio es impacto social. La cultura no es un gasto. Es formación ciudadana. Ciudades con más arte en el espacio público, con escuelas abiertas los fines de semana y con identidad en las calles, tienen más cohesión social. Además, al unir cultura con educación se articula de forma directa la formación técnica con las industrias culturales: cine, música, libro, diseño y turismo. Se deja de ver la cultura solo como conservación y se la entiende también como economía y trabajo.
Para que esto funcione hay dos condiciones que deben estar en la ley. Primero, crear un Viceministerio de Cultura con rango, autonomía técnica y presupuesto protegido, para que la cultura no se diluya. Segundo, mantener la rectoría en patrimonio e interculturalidad como funciones centrales del nuevo sector.
La implementación puede hacerse en tres pasos sin afectar a los trabajadores. Paso uno, una ley del Congreso que deroga la Ley 29565 y crea el Viceministerio de Cultura dentro del Ministerio de Educación. Paso dos, la fusión administrativa de las DRE y las DDC en una sola Dirección Regional de Educación y Cultura. Paso tres, el lanzamiento de un programa nacional “Aula Patrimonio”, para que cada estudiante, antes de terminar secundaria, investigue y cuide al menos un bien cultural de su región.
Volver a unir Educación y Cultura no es un retroceso. Es cerrar un círculo que se abrió en 2010, pero ahora con una visión moderna. El país necesita menos burocracia y más ciudadanía. Y la ciudadanía se construye con matemáticas y lectura, sí, pero también con memoria, con arte y con sentido de pertenencia.
No se trata de tener menos cultura. Se trata de tener cultura en todas partes.
Fuente: CanalB
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