Luis Benavente, director de Vox Populi, considera que el 2026 será un año decisivo para el Perú, marcado por elecciones presidenciales en un contexto de profundo desgaste institucional y creciente desencanto ciudadano. A pocos meses de la votación, el país enfrenta el reto de redefinir su rumbo tras años de inestabilidad política, protestas sociales y fragmentación, mientras la economía mantiene una relativa estabilidad bajo la observación del Banco Central y los mercados.
El inicio del año encuentra al Perú ante una encrucijada histórica, con una campaña electoral que se desarrolla luego de siete presidentes en ocho años y en medio de altos niveles de criminalidad y desconfianza en la clase política. De acuerdo con el panorama descrito por analistas, el proceso se da en un entorno económico menos volátil de lo esperado, aunque con una ciudadanía marcada por el escepticismo y la demanda de cambios estructurales.
El escenario electoral se caracteriza por una fragmentación inédita, con 36 candidaturas inscritas y un electorado donde el voto blanco y viciado concentra las mayores preferencias. Especialistas coinciden en que el desenlace dependerá de la capacidad de las fuerzas políticas para responder a reclamos de representación, justicia y bienestar, acumulados tras años de crisis institucional y social.
En ese contexto, Benavente sostiene que el problema de los gobiernos cuestionados no radica en el electorado, sino en un sistema electoral que permite la participación de candidatos con antecedentes controversiales. El analista advierte que el resentimiento social se ha profundizado por la falta de mejoras en las condiciones de vida, mientras casos de corrupción desviaron recursos destinados a educación, salud y reducción de la pobreza, reforzando la percepción de abandono en amplios sectores de la población.
A las tensiones políticas se suman demandas históricas de reconocimiento e inclusión, especialmente en regiones como el sur andino, donde persisten reclamos por igualdad efectiva y representación real. Antropólogos y especialistas señalan que el proceso electoral enfrentará propuestas que buscan mantener el statu quo frente a otras que expresan expectativas de transformación del Estado, en un escenario de alta incertidumbre y debilidad partidaria.
En el plano económico, exministros y analistas coinciden en que la estabilidad macroeconómica ha contenido mayores sobresaltos, aunque el riesgo país sigue elevado y la inversión es sensible al desarrollo de la campaña. A ello se agrega el avance de discursos de mano dura frente a la inseguridad, que podrían ganar espacio en una sociedad marcada por el trauma social, configurando un proceso electoral impredecible en el que, como advierte Benavente, cualquier candidato podría capitalizar el descontento ciudadano.
Fuente: CanalB
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