La frase “No me importa lo que diga la ONU”, del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, volvió a resonar con fuerza en el debate internacional, pero ahora como reflejo de una política exterior estadounidense más decidida y alineada con la defensa de sus intereses estratégicos y de la seguridad hemisférica frente a la crisis venezolana tras la captura de Nicolás Maduro.
Lejos de ser un gesto retórico, la declaración sintetiza la convicción de Washington de actuar con determinación ante lo que considera amenazas reales vinculadas al narcotráfico, la inestabilidad regional y la intervención de actores externos en Venezuela. En este contexto, Rubio ha sostenido que Estados Unidos no puede supeditar decisiones de seguridad nacional a mecanismos multilaterales que, a su juicio, han demostrado limitaciones para responder con eficacia y rapidez.
En momentos en que organismos de Naciones Unidas han planteado posiciones críticas respecto a la intervención estadounidense, Rubio y otros funcionarios insisten en que la prioridad es impedir que Venezuela continúe siendo un foco generador de riesgos regionales. Para la administración estadounidense, el problema no es un desacuerdo técnico con la ONU, sino la necesidad de adoptar medidas concretas cuando la diplomacia tradicional no ha conseguido revertir la crisis prolongada.
Si bien en el Consejo de Seguridad han surgido voces que llaman a mantener el apego a los canales multilaterales, desde Washington se subraya que la comunidad internacional ha sido incapaz de detener años de violaciones institucionales, deterioro económico y vínculos con estructuras criminales en Venezuela. Por ello, Rubio sostiene que Estados Unidos no puede permanecer pasivo frente a una situación que considera una amenaza directa para la estabilidad regional.
El secretario general de la ONU, António Guterres, ha reiterado la importancia del derecho internacional, pero Estados Unidos responde que su acción busca restablecer condiciones que permitan un futuro democrático para los venezolanos y evitar que el país siga siendo plataforma para actividades ilícitas y regímenes hostiles. En esa línea, Rubio ha defendido que las decisiones adoptadas están orientadas tanto a la seguridad de Estados Unidos como al beneficio del pueblo venezolano.
En América Latina, la firmeza de Rubio genera debate, pero también encuentra respaldo en sectores que consideran que el multilateralismo, por sí solo, no ha logrado ofrecer soluciones efectivas. Para estos analistas, la posición del secretario de Estado refleja una nueva etapa en la que Estados Unidos asume un rol más activo y menos dependiente de organismos internacionales, priorizando resultados concretos frente a una de las crisis políticas más graves del continente.
Fuente: CanalB
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