Opinión

Don Luis Bedoya el Tucán, a cuatro años de su partida; por Juan Carlos Llosa Pazos

Publicado el 24 de marzo de 2025

Por Juan Carlos Llosa Pazos, contralmirante de la Reserva Naval
Publicado en Expreso


El pasado 18 de marzo se han cumplido cuatro años del fallecimiento del abogado y político chalaco, don Luis Bedoya Reyes, quien entregó su alma a nuestro Señor a la muy avanzada edad de 102 años. Una de las aristas que caracterizaron su liderazgo en la política nacional lo asoció a un texto de la Guerra con Chile titulado “La guerra de las oportunidades perdidas”. Como en aquella contienda, ha sido muy frecuente el perder oportunidades para elegir bien, las no muchas veces que el sufragio libre fue posible. Una de esas oportunidades la tuvimos cuando al famoso Tucán –como lo bautizó Sofocleto- le tocó disputar la presidencia de la Republica con dos socialistas durante las elecciones presidenciales de 1985.


En ese entonces muchos electores de los sectores A, B y C, dejaron de lado a don Luis Bedoya Reyes y su meritoria hoja de vida. Se argumentaron insensateces como que no era lo mismo ser exitoso alcalde de Lima -con una obra como el Zanjón como no ha habido igual en la capital del Perú hasta hoy- que presidente de la República, para justificar su voto en favor de su principal contendor, quien no tenía la más minina experiencia de gestión de nada. Conocemos bien los resultados de ese nefasto gobierno que finalmente venció en las urnas. Con esa misma ceguera se llegó a acusar a Bedoya de ser muy agresivo y autoritario, además de tildarlo de despectivamente de derechista como si tal opción fuese un demérito. Las circunstancias que vivíamos por esos años requerían de alguien del carácter del Tucán para comandar la navegación segura en las aguas turbulentas que surcábamos inevitablemente.


Un Perú gobernado por Bedoya, socialcristiano disidente de la izquierdizante Democracia Cristiana de Héctor Cornejo Chávez, jamás hubiese caído en la demagogia, corrupción, ineptitud y socialismo que caracterizó al gobierno de García. Gran oportunidad perdimos con don Luis Bedoya, gran maestro de la política, hombre de acción y ciudadano honesto que perteneció a una raza de políticos que pareciera estar ya extinta, para desventura de la Patria.


A decir del recordado Enrique Chirinos Soto, en la alcaldía Bedoya se había mostrado decidido, dinámico, constructor. (La nueva constitución y los partidos, 1984). Que mejor credencial. Siendo alcalde en plena dictadura socialista, fue memorable su valiente discurso crítico al gobierno revolucionario frente al general Velasco, en la inauguración de la estatua ecuestre de don Ramón Castilla. Invalorable servicio a la Patria.


Muchas veces feroz en la crítica, tipo simpático y socarrón, de sonrisa contagiosa y bullanguera, elegante y deportista y a la vez orador enérgico y desafiante, de principios democráticos inquebrantables, compartió el mismo espacio político con grandes como Alayza Grundy, Polar Ugarteche, Ramírez del Villar, Osterling y otros líderes del Partido Popular Cristiano –que hoy tanta falta hacenv que él fundó y dirigió por muchos años.


De naturaleza centrista-democristiana y abogadil, enraizado en la notable figura de don José Luis Bustamante y Rivero, el PPC, con sus destacadas personalidades encabezadas por el Tucán, dio cátedra de política y de decencia innumerables veces. Hoy sólo quedan escombros.


No tuve la suerte de conocerlo personalmente. Alguna vez lo vi de lejos ya muy mayor. Me tocó el honor y satisfacción de representar a la Marina de Guerra del Perú en una ceremonia de develación de una estatua en su homenaje en el malecón de Miraflores frente al Mar de Grau.


No obstante, su reconocido prestigio, el Tucán sufrió, en mi opinión, el mismo drama que el gran don Bartolomé: hubo Herrera pero no herreristas. Hubo Bedoya, pero no bedoyistas. En sentido inverso, puede decirse que en el Perú ahora asoman tímidamente –por fin– derechistas, pero no hay derechas.


Don Luis Bedoya Reyes dejó un importante testimonio para la historia del Perú en un libro titulado “La palabra del Tucán”, escrito por el embajador Harold Forsyth (Planeta, 2016). En esas páginas se da a conocer importantes aspectos de la trayectoria del hombre público más longevo de nuestra historia como bien señala el autor de la referida obra.


En una época en que nos enfilamos velozmente como el Titanic hacia un iceberg al que llamo segunda prosperidad falaz, cuanta falta nos hace la lucidez y valentía del Tucán para sortear tal destino. Sean estas líneas modesto homenaje y admiración a la memoria de un gran patriota y un gran ser humano.

 

 

 

 

 

Fuente: CanalB

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