Y por qué Sudamérica, con toda la riqueza del mundo, sigue arrodillada ante otros
Por Augusto Cáceres Viñas
I. Partimos igual. Ellos llegaron más lejos.
Estados Unidos se independizó en 1783.
Sudamérica lo hizo apenas 30 años después: 1810–1821.
Pero en 200 años, nuestras historias se abrieron en dos direcciones opuestas.
Ellos eran 13 colonias divididas.
Nosotros ocho grandes jurisdicciones bajo España y Portugal.
Hasta ahí, empatados.
II. Dos decisiones que cambiaron el destino
EE.UU. eligió unirse:
una Constitución, un Estado federal, instituciones fuertes, educación, industria, mercado común.
Incluso su guerra civil terminó cerrando filas en torno a la unidad.
Sudamérica eligió fragmentarse:
19 repúblicas desconfiadas, fronteras coloniales convertidas en muros, rivalidades eternas, golpes, caudillos y guerras entre hermanos.
Ellos se juntaron para crecer.
Nosotros nos peleamos para dividirnos.
III. La paradoja insultante: somos más ricos que ellos
A diferencia de lo que muchos creen,
Sudamérica no es pobre—solo está mal gobernada y peor unida.
Tenemos:
• el 60% del litio mundial
• las mayores reservas de agua dulce del planeta.
• los mayores yacimientos de cobre
• selvas, gas, petróleo, marina inmensa..
• biodiversidad inigualable.
• uno de los mejores suelos agrícolas del mundo.
• energía solar, eólica e hidroeléctrica para abastecer continentes enteros.
EE.UU., en cambio:
• carece de litio y minerales críticos.
• depende de importaciones. estratégicas.
• no tiene nuestra biodiversidad ni agua.
• construyó poder con cabeza, no con suelo.
Sudamérica tiene la riqueza del mundo,
pero no el poder del mundo.
IV. Venezuela nos desnuda como continente
Hoy Venezuela es el espejo que nadie quiere mirar:
• 27 años de dictadura y saqueo.
• infiltración iraní, rusa, Hezbollah, FARC, narcoestados.
• un país secuestrado por su propia élite criminal.
Pero lo más humillante no es Maduro.
Es quién está decidiendo su futuro.
No Unasur.
No Mercosur.
No nosotros.
Lo hace Washington.
El despacho de Trump.
Las petroleras.
El capital extranjero.
Mientras la región miraba al techo por 25 años,
ellos tomaron el control y escribieron el guion.
V. La pregunta brutal
¿Somos de nuevo una colonia?
Sí.
Pero no de España. Ni de Portugal.
Somos colonia geopolítica, colonia tecnológica, colonia digital,
manejada por sanciones, algoritmos y consejos empresariales en países ajenos.
Colonia porque no defendimos a los nuestros.
Colonia porque abandonamos la unidad.
Colonia porque dejamos el poder vacío,
y cuando hay vacío, otro entra.
VI. La verdad que nadie quiere decir
Estados Unidos interviene hoy en Venezuela
solo porque nadie más puede.
Y sí:
es mejor intervención que dictadura.
Pero sigue siendo intervención.
Lo que hace Estados Unidos nos correspondía hacerlo a nosotros:
• proteger la democracia,
• rescatar un país secuestrado,
• detener el avance criminal.
No lo hacemos porque no armamos instituciones,
no construimos unidad,
y seguimos peleando entre nosotros mientras el mundo actúa.
VII. El requisito indispensable que seguimos ignorando
Antes de hablar de integración continental,
tenemos que admitir un hecho incómodo:
Sudamérica no se puede unir por afuera
porque está quebrada por dentro.
Perú, Chile, Argentina, Brasil, Colombia y los demás
son naciones fracturadas:
• élites contra ciudadanos
• ciudades contra provincias
• privilegio vs abandono
• racismo, clasismo, tribalismo
• identidades nacionales débiles
Sin identidad nacional,
no hay unidad nacional.
Sin unidad nacional,
no hay bloque regional posible.
La secuencia es innegociable:
Unidad interna → fuerza nacional → integración sudamericana.
VIII. El siglo XXI nos dio la última llamada
Mientras EE.UU., China, India y Europa operan como bloques,
Sudamérica se comporta como archipiélago humano:
• Gobiernos de 4 años contra proyectos de 200.
• Obsesión con elecciones, cero obsesión con desarrollo.
• Orgullo patriotero para el fútbol, silencio absoluto para la integración real.
Somos el continente de los recursos gigantes
con la ambición política en miniatura.
IX. La conclusión que duele y libera
Sudamérica ganó la libertad,
pero nunca la transformó en poder.
Independencia sin unión,
es independencia prestada.
Independencia sin identidad,
es un papel vacío.
Independencia sin proyecto común,
es una ilusión que se evapora.
Hoy no nos someten por las armas,
sino por nuestra incapacidad para pensar y actuar como bloque.
Tenemos todo para ser potencia mundial:
tierra, agua, litio, cobre, alimentos, energía, historia, cultura, millones de jóvenes.
Nos falta una sola cosa:
unidad.
Y esa unidad empieza dentro de nuestras fronteras
antes que entre ellas.
X. Llamado final
Si no despertamos ahora,
otros seguirán decidiendo nuestro destino.
Los recursos ya no son garantía.
La geografía no nos salvará.
La libertad no basta.
Este es el momento de:
• reconstruir identidad,
• cerrar heridas internas,
• reformar instituciones,
• y finalmente, mirar hacia la unión sudamericana no como sueño,
sino como obligación histórica.
Porque la única verdad que importa es esta:
Unidos seremos potencia.
Divididos, seguiremos siendo botín.
Fuente: CanalB
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