Opinión

Multas de tránsito en Lima: ¿seguridad vial o sanción desproporcionada?; por Emilio Rossi Ferreyros

Publicado el 11 de marzo de 2026

Por Emilio Rossi Ferreyros, abogado y candidato a diputado, número 4, por País para Todos

Publicado en La Noticia

 

En los últimos meses se ha intensificado en Lima la aplicación de multas por exceso de velocidad mediante cámaras y fotopapeletas. La medida se presenta como parte de una estrategia para mejorar la seguridad vial. Sin embargo, la forma en que se está aplicando ha abierto un debate legítimo: ¿estamos frente a una política orientada a prevenir accidentes o ante un sistema que termina sancionando de manera excesiva y poco razonable a los conductores? La seguridad vial es una prioridad. Reducir accidentes y proteger a peatones y conductores es una responsabilidad fundamental de las autoridades. Pero para que una política pública sea efectiva y legítima, debe cumplir principios básicos: reglas claras, señalización adecuada y sanciones proporcionales.

 

Señalización insuficiente

 

Uno de los principales problemas es la señalización. En teoría, las avenidas tienen un límite general de 50 Km. por hora y las calles de 30 Km. por hora. Además, en zonas cercanas a hospitales o colegios la velocidad debe reducirse a 30 Km. por hora incluso en avenidas.

 

En muchos puntos de Lima las señales se encuentran colocadas exactamente en la misma cuadra donde comienza la restricción o incluso después.  En la práctica, el conductor se entera del límite cuando ya está dentro de la zona sancionable.

 

La señalización tiene una función preventiva: advertir con anticipación para que el conductor pueda ajustar su comportamiento. Cuando la advertencia llega tarde, deja de cumplir su propósito y se convierte simplemente en un requisito formal que facilita la multa.


Un diseño poco intuitivo

 

Existe otro problema poco discutido: el diseño mismo de los límites de velocidad. En muchas avenidas el límite es de 50 km/h. Sin embargo, la mayoría de los tableros de los autos tienen referencias visuales claras en números como 20, 40, 60 u 80 Km. por hora. Esos puntos funcionan como guías naturales para el conductor.

 

El límite de 50 km/h no coincide con esas referencias. Obliga al conductor a calcular constantemente si se encuentra exactamente entre 40 y 60. Cuando una persona maneja debe concentrarse en el tráfico. La atención debe estar en la vía, no en hacer estimaciones constantes del velocímetro.

 

Si el sistema obliga al conductor a revisar repetidamente el tablero para evitar excederse por unos pocos kilómetros, introduce un elemento adicional de distracción que puede resultar contraproducente.


Fotopapeletas y sistema de puntos

 

A esto se suma el uso creciente de cámaras para imponer sanciones automáticas. Las llamadas fotopapeletas permiten registrar infracciones sin la intervención directa de un agente de tránsito.

 

Las multas ya pueden ser significativas. Pero además se aplican descuentos de puntos en la licencia de conducir.

 

El problema es que el sistema de puntos no es simplemente una sanción económica. Puede terminar llevando a la suspensión de la licencia. Sin embargo, las fotopapeletas identifican el vehículo, no necesariamente al conductor que cometió la infracción.

 

Cuando una sanción puede terminar afectando el derecho a conducir, el estándar de identificación debería ser mucho más claro. De lo contrario, se corre el riesgo de aplicar castigos que no siempre recaen en quién realmente cometió la falta.


Seguridad vial con reglas claras

 

Para que una política funcione necesita legitimidad ante los ciudadanos. Esa legitimidad se construye con reglas simples, señalización clara y sanciones proporcionales.

 

Una ciudad ordenada no se construye sorprendiendo al ciudadano con multas, sino ayudándolo a cumplir las reglas.

 

Porque el verdadero objetivo de las normas de tránsito no debería ser sancionar más, sino lograr que todos conduzcamos de manera más segura.

 

 

 

Fuente: CanalB

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