Por Carlos E. Gálvez Pinillos, expresidente de la SNMPE
Hace unos días, tuve la interesante experiencia de poder conversar, amigablemente, con profesionales inteligentes, de primer nivel, pero de posiciones inicialmente discrepantes respecto a la minería a pequeña escala. Ciertamente, el punto de partida era la defensa del minero informal y el rechazo a meter a todos en el mismo saco de mineros ilegales.
Como es evidente, enfrentar el diálogo a partir de generalidades es inconducente, por eso optamos por ponernos de acuerdo en identificar las “líneas rojas” que convierten a un minero informal en ilegal, lo que facilitó la discusión.
Así, definimos las condiciones que los convierte en ilegales:
Evidentemente, trazados estos límites, el margen de análisis y discusión se redujo dramáticamente.
Ya con estos elementos objetivos, fue muy fácil llegar a términos adecuados de entendimiento. De esta misma forma y eliminando cualquier elemento de subjetividad, es que invito a los miembros de la Comisión de Energía y Minas del congreso, a analizar la situación y plantear vías de solución.
Uno de los asuntos que debemos resaltar es, qué duda cabe, los 56 millones de hectáreas de libre denunciabilidad que nadie mira, aunque un alto porcentaje de ellas, se encuentra en regiones reconocidas por su potencial minero, pero que nadie quiere estudiar.
De igual forma, la falta de iniciativas académicas y estatales por hacer geología regional, es preocupante. Este es un esfuerzo, que fue tradicionalmente impulsado por el Estado, pero que hoy en día, nadie promueve.
No podemos olvidar los grandes recursos canalizados vía canon minero a las universidades públicas, para fines de investigación. Menos podemos permitir la degradación profesional en la tarea que le cabe al INGEMMET.
Tenemos claro que el Perú es un país con gran potencial geológico y tradición minera. Lo que no estamos haciendo, es la tarea que los pioneros de la minería peruana hicieron y que nos ha llevado hasta el nivel de excelencia y competitividad que el Perú ha logrado.
Los precios alcanzados por nuestros metales han permitido que, mucha gente sin mayor preparación, se involucre de cualquier manera en la actividad minera. El Estado se ha desentendido y ha permitido este “busconeo”, no profesional, en áreas concesionadas a terceros y no ha promovido los estudios geológicos en la gran extensión disponible.
Todos los pioneros de nuestra minería, empezando por:
Para resolver la tensión existente, debemos instalar el ADN explorador en los mineros a pequeña escala y a los estudiantes de geología y minería, deteniendo la invasión de concesiones ajenas.
Fuente: CanalB
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