Por Felipe Morris, publicado en Perú21
Hace unos días leí el libro En nombre de los ausentes, de Alfonso Baella Matto, sobre las enseñanzas que nos dejó el manejo de la pandemia del COVID-19 en el Perú. Es una buena investigación periodística de fácil lectura que ordena los hechos y nos muestra una verdad incómoda: el Estado peruano la gestionó con ineptitud, desnudando que desconocía al país que gobernaba. Como resultado, esto trajo consecuencias terribles.
Los datos son conocidos y devastadores. El Perú terminó con la mayor mortalidad por millón de habitantes del mundo, resultante de decisiones políticas mal planteadas, muchas veces desoyendo consejos de especialistas y de espaldas a la realidad económica y social del país. La pandemia nos agarró con un sistema de salud fragmentado, con escasas camas UCI, débil atención primaria, carencias de oxígeno y logística precaria, lo que requería una gestión más rápida y eficaz. La lentitud y errores en la toma de decisiones ocasionaron decenas de miles de muertes que se pudieron evitar. ¿Fue solo ineptitud o hubo algo más? Queda mucho por investigar.
El autor plantea y analiza diez decisiones fatales que son difíciles de justificar: subestimar inicialmente el impacto de la pandemia, utilizar información imprecisa, desinformar, apostar por pruebas rápidas inservibles para diagnosticar en vez de las moleculares, prolongar excesivamente la cuarentena, obligar a comportamientos innecesarios, comunicar al inicio que no servían las mascarillas para luego difundir unas de tela inservibles (lo que aceleró el contagio absurdamente), postergar la decisión sobre la pureza del oxígeno medicinal desoyendo a los expertos, rechazar o demorar la aceptación de donaciones del sector privado y sus ofrecimientos de asistencia, e iniciar tardíamente la vacunación al no aceptar adquirir la vacuna Pfizer que nos ofrecieron varios meses antes de comprar la menos eficaz de China.
El libro concluye que la estrategia sanitaria, además de mal gestionada, estuvo diseñada para un país formal que no existe. Se asumió ilusamente que una sociedad con alta informalidad, hacinamiento y millones de personas que viven del ingreso diario cumpliría estrictamente el aislamiento. El resultado fue previsible: incumplimiento, automedicación, atención tardía y mortalidad elevada. Pero no solo preocupa lo que ocurrió, sino lo que no ha ocurrido después. Baella acierta al sugerir que el Perú trató la pandemia como un accidente irrepetible.
A cinco años del inicio de la pandemia, los problemas estructurales subsisten. El sistema de salud continúa fragmentado, la atención primaria no ha sido fortalecida de manera sustantiva, las capacidades hospitalarias siguen siendo inadecuadas y la coordinación del Estado permanece débil. No hubo una reforma sanitaria integral ni una estrategia seria de preparación ante futuras emergencias. De presentarse una pandemia similar, la pérdida de vidas sería enorme por las falencias de nuestro sistema de salud que no hemos corregido. El libro reseña una tragedia cuya magnitud se pudo disminuir con una mejor gestión y, peor aún, desnuda que no aprendimos nada. Lectura obligada.
Fuente: CanalB
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