Por Raúl Injoque
El Perú ingresa a un nuevo ciclo electoral en un contexto económico delicado. La discusión pública, sin embargo, sigue dominada por consignas y polarización, mientras los datos muestran un problema más profundo: un sistema de incentivos mal alineado que frena la inversión, la productividad y el crecimiento del ingreso real.
En enero de 2026, Scott Bessent, Secretario del Tesoro de Estados Unidos, propuso ante el Economic Club of Minnesota un marco simple para evaluar la salud de una economía: las sociedades pueden quedar atrapadas en malas “I”, o activarse a través de buenas “I”. Aunque su análisis fue planteado para EE.UU., el esquema resulta particularmente revelador y aplicable para entender la coyuntura peruana.
Las “tres I” del estancamiento, en clave peruana
Bessent identificó tres variables que suelen acompañar a economías que pierden dinamismo: inmigración desordenada, inflación persistente y tasas de interés elevadas. En el Perú, estas tres dimensiones han tenido impactos claros.
En primer lugar, la presión migratoria, mal gestionada por el Estado, ha ampliado el empleo informal. Según el INEI, más del 70% de la población ocupada es informal, lo que reduce la base tributaria y presiona los servicios públicos urbanos.
En segundo lugar, la inflación, aunque hoy controlada respecto al pico de 2022, dejó un daño significativo en el ingreso real. El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) reconoce que entre 2021 y 2023 el poder adquisitivo de los hogares cayó, especialmente en alimentos, transporte y vivienda, rubros que pesan más en los quintiles de menores ingresos.
Finalmente, las tasas de interés altas, necesarias para contener la inflación, tuvieron un efecto contractivo sobre la inversión privada. La inversión privada cayó 7.2% en 2023 y se mantuvo prácticamente estancada en 2024, según cifras del BCRP, afectando especialmente a sectores intensivos en empleo como construcción y manufactura.
El resultado combinado es claro: menor crecimiento potencial y una percepción generalizada de estancamiento social.
Las “tres I” del crecimiento: inversión, innovación e ingresos
Como contraparte, Bessent planteó que las economías que logran crecer de manera sostenida activan otro conjunto de incentivos: inversión, innovación e ingresos reales.
En el Perú, el problema no es la falta de capital, sino la falta de confianza. De acuerdo con el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el país arrastra una cartera de proyectos mineros por más de US$ 50,000 millones, muchos de los cuales permanecen paralizados por incertidumbre regulatoria, conflictividad social y debilidad institucional.
La innovación, entendida no solo como tecnología sino como productividad, también enfrenta barreras estructurales. El gasto en investigación y desarrollo en el Perú es inferior al 0.2% del PBI, muy por debajo del promedio de la OCDE. Esto limita la capacidad de las empresas para escalar, diversificar y competir globalmente.
Todo ello se refleja en el tercer indicador: los ingresos reales. El crecimiento del PBI no se traduce automáticamente en mejores salarios cuando la informalidad domina y la productividad no avanza. Sin inversión privada sostenida, los ingresos reales permanecen estancados, incluso en períodos de estabilidad macroeconómica.
Infraestructura: la “I” transversal que el Perú sigue postergando
En su discurso, Bessent subrayó un punto que para el Perú es crítico: infraestructura. El país enfrenta una brecha estimada en más de US$ 110,000 millones, según la Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional (AFIN). Esta brecha limita la competitividad, eleva costos logísticos y reduce el impacto de cualquier política de crecimiento.
Sin infraestructura, la inversión no escala; sin inversión, la innovación no se difunde; y sin productividad, los ingresos reales no mejoran.
Elecciones, incentivos y una advertencia final
Las próximas elecciones no resolverán los problemas estructurales del Perú, pero sí pueden definir el marco bajo el cual se intentará resolverlos. Y aquí es donde conviene ser claros.
El Perú no necesita empresarios mercantilistas, dependientes del favor político, la concesión discrecional o la protección regulatoria. Ese modelo no genera desarrollo; genera corrupción, captura del Estado y desigualdad de oportunidades.
Lo que el país necesita es algo más exigente y, a la vez, más simple: reglas claras, competencia en igualdad de condiciones y un Poder Judicial objetivo e independiente, capaz de hacer cumplir contratos y sancionar abusos sin sesgos políticos.
Sin un sistema institucional que premie la eficiencia y castigue la corrupción, ninguna narrativa electoral, por ambiciosa que sea, logrará activar las “I” correctas. El crecimiento sostenible no nace de discursos, sino de incentivos bien diseñados y de instituciones que los respalden.
Referencias (APA)
Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional (AFIN). (2023). Brecha de infraestructura en el Perú. Lima, Perú.
Banco Central de Reserva del Perú. (2024). Reporte de inflación. Lima, Perú.
Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). (2024). Informe técnico: Mercado laboral. Lima, Perú.
Ministerio de Economía y Finanzas. (2024). Marco Macroeconómico Multianual. Lima, Perú.
Organisation for Economic Co-operation and Development. (2023). Main science and technology indicators. Paris, France.
Fuente: CanalB
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