Por Carlos E. Gálvez Pinillos, expresidente de la SNMPE
¿Antena no y celular sí?
No hay ciudadano que, desde que se privatizaron las telecomunicaciones que trajeron consigo la comunicación celular, no haya querido aprovechar esta facilidad; haga negocios, supervise a sus hijos, utilice la multiplicidad de APPs a las que este aparato le da acceso, investigue, estudie y que, consecuentemente, no deambule con su teléfono celular como adminículo inseparable.
El mundo de hoy sería inimaginable sin esta facilidad de comunicaciones, al punto que, teniendo a diciembre 2025, cerca de 35 millones de habitantes, a esa fecha, según OSIPTEL, ya teníamos 39.4 millones de teléfonos.
Sin embargo, hay quienes se están dedicando a patrocinar casos de retiro de antenas celulares de zonas residenciales y comerciales.
El argumento principal, es que atribuyen a dichas antenas, radiaciones de efectos cancerígenos y, obviamente, la solución “más sabia”, consiste en retirar las antenas. Es decir, “muerto el perro, se acabó la rabia”. En términos prácticos, yendo a eventos muy recientes, tenemos el caso del retiro de una antena celular ubicada en Rinconada del Lago, del distrito de La Molina, ocurrida el 24 de julio de este año, y promovida por los vecinos de esa urbanización desde finales de 2017.
Lo interesante, es que este caso había tenido tres sentencias adversas, en tres diferentes instancias del poder judicial y, al haber sido legalmente desestimada, el caso se llevó al Tribunal Constitucional, quien finalmente dio la razón a los vecinos demandantes, procediéndose al retiro inmediato.
Resulta preocupante este precedente, puesto que, repito, la argumentación central es el daño cancerígeno que la radiación de dichas antenas puede causar al vecindario cercano. Esto independientemente de la súper demanda por teléfonos celulares y, consecuente necesidad de mayor número de antenas.
Cuando uno revisa la información de la comunicación celular y sus posibles efectos radioactivos, encontramos lo siguiente:
Las redes 5G pueden operar en distintas bandas:
Cuanto más altas las frecuencias, menor penetración en el cuerpo humano y su absorción se concentra principalmente en las capas superficiales de la piel.
Las revisiones realizadas por organismos como la OMS (Organización Mundial de la Salud) y las evaluaciones de ICNIRP (International Commission on Nonionaizing Radiation Protection) concluyen, que no hay evidencia de que las estaciones base de telefonía móvil, causen cáncer. Tampoco se ha demostrado que la exposición ambiental de las antenas, tenga efectos sobre la fertilidad. Y, de la misma manera, no se ha demostrado el origen de enfermedades neurológicas y otras patologías, por vivir cerca de estaciones base, siempre que las exposiciones permanezcan dentro de los límites internacionales.
Ciertamente, nadie puede afirmar que los resultados de la investigación sean concluyentes, puesto que los estudios aún continúan, pero la evidencia acumulada hasta ahora, no ha identificado riesgos para la población derivados de la exposición a niveles permitidos.
Lo que la mayoría de ciudadanos y de las autoridades que deciden sobre estos casos, no toman en consideración, es que el teléfono móvil que sostienen junto a la cabeza genera una exposición mucho mayor, que una antena situada a decenas o cientos de metros de ellos.
Además, cuando la cobertura es deficiente porque hay pocas antenas, el teléfono aumenta su potencia de transmisión para mantener la conexión. Consecuentemente, una red con más antenas, bien distribuidas y de menor potencia, puede reducir la potencia con la que transmiten los teléfonos de los usuarios, disminuyendo la exposición procedente del propio dispositivo.
Desde el punto de vista del diseño de redes 4G y 5G, una mayor densidad de antenas permite que cada una cubra un área más pequeña, por lo que normalmente:
Lo que la mayoría suele pasar por alto, es probablemente lo más importante. La mayor fuente de exposición para la mayoría de personas no es la antena, sino su propio teléfono celular, que está pegado a la cabeza o muy cerca del cuerpo.
Si el teléfono detecta una señal débil:
Una mayor densidad de antenas es, en general, preferible porque:
Paradójicamente, una ciudad que se opone sistemáticamente a instalar nuevas antenas, puede terminar con una red en la que los teléfonos de los usuarios transmiten a mayor potencia durante más tiempo, para mantener la conexión, lo que es menos saludable y eficiente.
En consecuencia, si tomamos en cuenta el daño que hace a la ciudadanía el retiro de antenas celulares, debemos legislar, para que quienes fomenten o dispongan el retiro de antenas celulares o impidan su instalación, queden impedidas de contratar un servicio celular.
¡No pueden ser usuarios de un servicio al que se oponen!
Fuente: CanalB
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