Por José Ignacio de Romaña
El flamante Plan Maestro de Desarrollo Ferroviario al 2050 aprobado por el MTC es un buen esfuerzo pero insuficiente ante las urgencias del país y exige una revisión implacable.
Resulta inaceptable que, en pleno siglo XXI, el Estado peruano proponga construir apenas unos 5,524 kilómetros de rieles en un horizonte de 24 años, lo que arroja un desalentador promedio de tan solo 230 km por año.
Para ponerlo en perspectiva con hitos históricos globales:
EEUU en 1863 empezó la construcción del histórico ferrocarril transcontinental este-oeste, hace más de 150 años, 3,077 km en solo 5 años para unir el país de costa a costa. Un promedio de 615 km por año, tres veces más que el ratio propuesto por el MTC.
El caso de China, entre el año 2000 y 2025, expandió su red ferroviaria general de 58,000 a 165,000 kms. Esto arroja un ratio de 4,280 kms anuales. Si aplicáramos el ritmo promedio que mantuvo China a los 5,524 km del plan peruano se construirían en apenas 1 año y 4 meses!
El caso histórico nacional del Ferrocarril Central de 1870 a 1893, con una geografía andina extrema, superando abismos y perforando los Andes a más de 4,000 metros de altura, el tramo de Lima a La Oroya, 222 km, se ejecutó en medio de una severa crisis fiscal y una guerra con Chile. A pesar de haber estado paralizado por más de una década, el tren se concluyó y sigue funcionando hasta el día de hoy, haciendo posible el desarrollo de toda la sierra central, una muestra viva del gran benéfico de la integración ferroviaria.
Un dato no menor que explica la timidez de esta meta es que el programa peruano ha sido planteado bajo asesoría del Reino Unido, con una red propia que roza los 15,800 km y que en los últimos 25 años no ha sumado kilómetros netos de vías nuevas a su territorio. Si este fuese un emprendimiento privado, las gerencias buscarían a las empresas con más experiencia los últimos años.
El plan del MTC comparado con EE. UU. de hace 163 años, con nuestro propio Ferrocarril Central del siglo XIX o con los 165 mil kms de la China actual, resulta lamentable en cuanto a los ratios de construcción.
Por otro lado, si bien todos los tramos son importantes y necesarios, el país tiene hoy la oportunidad histórica de pensar en grande.
Es imperativo replantear el enfoque y asumir obras transformadoras, que pongan al Perú en el mapa mundial: el gran tren de Tumbes a Tacna articulando toda nuestra costa, y el tren bioceánico hacia Brasil.
A esto se suma el potencial agrícola, maderero, industrial y turístico descomunal que obras de esta dimensión traerían al Perú: conectar un corredor ferroviario continuo a lo largo de todo el litoral y atravesar Los Andes y la Amazonía con la misma visión monumental con la que los Incas tejieron el Cápac Ñan para unir un imperio.
Son megaproyectos de esta envergadura los que verdaderamente dinamizan el desarrollo y abren oportunidades históricas para integrar físicamente a todo el continente hispanoamericano, interesando estratégicamente a vecinos como Ecuador, Chile y Brasil.
Es la oportunidad imperdible de sacudirse la mediocridad, cambiando para siempre la historia no solo del Perú, sino de todo el continente, y dejando atrás el rol de ser solo la despensa del mundo para ser vistos como el nuevo polo y nuevo norte global.
Fuente: CanalB
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